[Los muertos de cristo | 1997]
Lágrimas de sangre
Hartos de trabajar y no tenemos para comer.
Tranquilo, Manuel, todo tiene su fin,
¿pero cuándo, mi amor?,
si la vida flaquea ante mi.
Unos la buena vida,
a costa de los demás,
y a nosotros en la desgracia,
sólo nos queda soñar,
sueños de mil colores que mi alma quiere tocar,
sueños muy lejanos,
que el nuevo día se llevará.
Mientras ellos sonríen,
a otros nos toca llorar,
lágrimas de sangre,
que desembocan el mar,
un mar incierto de miseria y desilusión,
un mar cautivo como el obrero ante el patrón.
Obrero levanta tu puño emancipador,
golpeando sin miedo al tirano explotador.
Obrero, despierta, no pierdas la ocasión,
de escribir la historia a una nueva generación.
Hasta siempre, Manuel, nunca te olvidaré,
flores en tu tumba, te pone tu mujer,
tranquilo, Manuel, todo tiene su fin,
esa porra asesina yace junto a ti.
Obrero levanta tu puño emancipador,
golpeando sin miedo al tirano explotador.
Obrero, despierta, no pierdas la ocasión,
de escribir la historia a una nueva generación.