19.6.26

Autobiografía

En la oficina de empleo de Stretford, una mujer culigorda se sienta ante mí y quiere saber por qué he dejado mi espléndido puesto en las madrigueras subterráneas de la Inland Revenue. Es un neumático arenque ahumado de tan morsiles proporciones que hasta me cuesta responderle.

- Mírese, ¿acaso no podría arreglarse un poco? - me dice, y suelta en un suspiro todo el aire contenido en su puerquedad mientras agita unos brazos mantecosos y forcejea con sus piernas de gelatina... como friso yo por llegar al lugar de esta cita. Como ha dejado usted un trabajo perfectamente ventajoso, no podemos otorgarle ningún beneficio de desempleo. Tenga: quiero que acepte éste.

El hipopótamo me tiende una tarjeta con detalles de un trabajo y yo la leo con recelo.

- ¿Me está pidiendo que limpie las orillas de los canales?
- Sí.
- ¿Limpiar las orillas de los canales?
- Sí.
- ¿Como ocupación?
- Sí.

Susurro una última plegaria en busca de misericordia y recuerdo las palabras de Nancy en Oliver Twist, «dejadlo en paz o le haré alguna barbaridad a uno de vosotros que me llevará a la horca antes de tiempo...», y la morgue bosteza mi nombre. Me interrogan en la oficina de selección de Stretford porque tienen vacantes de cartero y es donde me veo con más posibilidades, pero no es así porque me rechazan - se me considera física y psicológicamente incapaz de entregar cartas. Ya no hay otra escapatoria que la muerte.

Steven Patrick Morrissey