8.8.17

el educador mercenario


Se sostiene la pretensión de educar "en la libertad", "en la critica", o "para la emancipación", desde una Instituición diseñada para inculcar el principio de autoridad, reproducir la dominación social y "sujetar" a la juventud?

No existen los profesores autenticamente contestatarios: hay aquí, una contradicción entre los dos términos. Así como no es imaginable un "militar pacifista", un "cura ateo", un "guardia civil anticapitalista", un "verdugo filantrópico", etc.

El oficio de profesor deberíamos dejarlo para los partidarios del status quo, para los adoradores del sistema, para los autocratas em miniatura, para los déspotas, a tiranos.

Naturalizada, presa de lo que Lukacs denominó el "maleficio de la cosificación", la instituición escolar se ha convertido finalmente en un fetiche, en un ídolo sin crepúsculo, y la exigencia del confinamento educativo aparece hoy como un dogma de toda pedagogia reformista o no; como un credo al que se abrazan sin excepción los Estados, dictatoriales o democraticos.

Em mi opinión, la educación libre se da justamente allí donde acaba la escuela, empieza sólo cuando acaba la escuela.

Ya debeis saber que vais a ser contratados por el poder, por el Capital y por el Estado, para llevar a cabo los cotidianos e terroríficos "trabajos sucios" sobre la subjetividade de los jóvenes.

Las dosis de autoengaño que necesita cada dia un profesor para seguir ejerciendo con la consciencia tranquila es inmensa, excesiva, y tiene también sus próprios efectos secundarios. A mí lo que extraña, y casi me aterra, es que no todos pierdan la razón en el aula; lo que me horroriza y casi me deprime es que haya profesores [...] "felices", a gusto en su empleo, clinicamente sanos. Es lo que no entiendo. Un profesor moderno, con la consciencia en paz, la sonrisa siempre fresca en los labios y el corazón en equilibrio, amante de su oficio, dichoso, realizando, es para mí una imagem de pesadilla. Un tipo así no solo encarna la máxima imbecilidad concebible en este mundo, ha de ser, también, un homúnculo desalmado.

Pedro G. Olivo